Si abrimos los periódicos, encendemos la radio o el televisor o simplemente conversamos con cualquier persona, el tema obligado es la crisis económica que está afectando a todos los países y por extensión a todas las personas.
Las noticias no pueden ser más preocupantes: despidos masivos en todas las empresas, quiebras de bancos y negocios, niveles de desempleo sin precedentes en las últimas décadas en todos los países, desahucios de adquirientes de viviendas por falta de pago, el índice Dow Jones en su nivel más bajo en once años y paramos ahí para no hacer este artículo demasiado lacrimoso.
Ahora bien, ¿Cómo está afectando la crisis el coleccionismo de sellos? Señala el cronista Pedro Ayala en su columna Desde mi Punto de Vista que publica en la revista El Eco Filatélico y Numismático que “Los sellos ´buenos´ se siguen vendiendo a buen precio y los ´menos buenos´ siempre acaban encontrando comprador aunque sea a precios bajos.” En medio de todo, esto tiene visos de ser una buena noticia pues la situación no parece haber cambiado con relación a otros tiempos: siempre ha sido así.
Sin embargo, de otros lados nos llega un mensaje aún más optimista: David Feldman vendió recientemente una cubierta con uno de los “Post Office” de Mauricio a un filatelista de Singapur por $4 millones de dólares y otro coleccionista pagó $2,185,000 dólares por el “Triple Pack”, la legendaria tira de tres Ojos de Buey de Brasil. “¡Esa es otra liga!”, dirán algunos, pero no es así: una cubierta despachada desde Santo Domingo durante la ocupación norteamericana de 1916 que salió con precio de primera puja de $34 se fue por $104 dólares (tres veces); un Scott # 11 usado de Argentina con un valor de catálogo de $12 se vendió en $56 (cuatro veces y medio) y un 15B, también de Argentina, con valor de catálogo de $17.50 se vendió en ebay en $86 (cinco veces).
¿Quiénes están pagando esas sumas tan elevadas por ese material? Se nos ocurren dos posibilidades: la primera es que son un grupo que está “blindado”, término con el cual se está calificando en estos tiempos a aquellos a los cuales la crisis no les está afectando pues tienen una coraza protectora que les mantiene al resguardo de la crisis; y la segunda, es que son personas que han descubierto que invirtiendo su dinero en sellos, está mejor protegido contra los avatares de un futuro incierto que manteniéndolo en dólares, oro o cualquier otro bien tangible.
Cuando se toca el tema de la crisis, la referencia obligada es el “crash” de 1929. Durante esa crisis, que afectó prácticamente a todas las naciones, se demostró que aquellos que invirtieron su dinero en sellos, al final de la crisis quedaron mejor librados que los que optaron por casi cualquier otro tipo de inversión.
No somos asesores financieros y por tanto, no estamos en posición de aconsejar que invierta su dinero en sellos. La realidad, sin embargo, es que aun en estos momentos de crisis, los sellos buenos, como dice Ayala, se siguen vendiendo a muy buenos precios.
miércoles 11 de marzo de 2009
lunes 16 de febrero de 2009
LOS SELLOS REPARADOS EN LAS COLECCIONES
“Los sellos dañados, que están rotos o mutilados o que tienen adelgazamientos no deben formar parte de las colecciones avanzadas y rara vez valen más de una pequeña fracción del valor de los sellos en buenas condiciones.”
Catálogo Scott
“Un sello que está dañado prácticamente no vale nada, a menos que tenga un alto valor de catálogo, en cuyo caso, retiene una pequeña fracción de su valor, dependiendo de la gravedad del daño.”
Prescott Thorp en How to Build a Stamp Collection
Desde que empezamos a coleccionar se nos ha dicho que los sellos dañados no valen nada y deben descartarse sin contemplaciones. El catálogo Scott y Thorp, sin embargo, coinciden en que los mismos pueden retener una pequeña fracción de su precio dependiendo del valor de catálogo de la pieza y de la gravedad del daño. Todo eso está bien, pero, ¿que pasa si el sello es reparado?, ¿qué lugar deben ocupar esos sellos en nuestras colecciones? El algún lugar leímos que el valor de un sello reparado era el valor del sello antes de ser reparado más lo que pagamos por la reparación.
Recientemente leímos un interesante trabajo de D. José María Sempere, titulado “Lo ‘Clásico’ del Clásico Español” publicado en el número 109 de la revista Atalaya Filatélica publicada por la Sociedad Filatélica Sevillana. Sempere es uno de los filatelistas de más renombre en España y miembro además de la Academia Hispánica de Filatelia.
En ese artículo, Sempere muestra la cara y el envés de un sello de Württemberg “antes y después de su restauración”. El sello mostrado es un ejemplar usado. Luego añade que “El ejemplar defectuoso hace daño a la vista en el seno de una bonita colección. Una vez restaurado sirve para tapar el hueco hasta que se pueda lograr un ejemplar de más calidad.” Como vemos, el autor no le da su bendición, pero no lo excomulga.
En el artículo de Sempere no se identifica cual fue sello el reparado, pero la figura muestra un sello de 6 kreuzer y de acuerdo al catálogo Scott, entre 1857
y 1863 se emitieron en Württemberg seis sellos de ese valor que se diferencian unos de otros en la impresión, en el papel, en el color y en las perforaciones; por tanto, como el autor no lo identifica, el sello reparado pudo ser cualquiera de los seis.
Lo que si está claro es que ninguno de los seis, usado, es un sello valioso (en cambio, un ejemplar nuevo del 1859 vale $9,500). No tenemos un catálogo reciente pero el más caro de los usados valía en 1998 apenas $135 dólares; por tanto, el sello reparado que se muestra en el artículo es un ejemplar relativamente barato.
El tema de los sellos reparados nos trae a la memoria un episodio que sucedió entre finales del siglo XIX y principios del Siglo XX. Por esos años operaba en París Samuel Singer, considerado por muchos como uno de los más hábiles reparadores de sellos. Entre sus clientes estaban muchos comerciantes y coleccionistas. Cuando a principios del siglo XX la vista le comenzó a fallar y se redujo por ende la calidad de las reparaciones que podía hacer, (y esta es la historia que se ha contado), Singer comenzó a escribirle a sus clientes chantajeándoles. En sus misivas les exigía dinero, o de lo contrario los amenazaba con publicar las cartas que había recibido de ellos solicitando sus servicios.
Uno de los que recibió una de esas cartas fue Charles J. Phillips, por esos años propietario de la Stanley Gibbons. Éste reaccionó airadamente denunciando a Singer en la edición de octubre de 1904 del Stanley Gibbons Monthly Journal. En la revista le calificaba como un hombre que “tiene una reputación que no puede considerarse de primera clase” y le llamaba un “chantajista”. En su denuncia señalaba que a solicitud de algunos de sus clientes, le había pedido a Singer que le reparara “quizás unos 22 sellos” y que todos ellos habían sido marcados claramente como reparados.
A pesar de la denuncia de Phillips y de su renombre al más alto nivel dentro del comercio filatélico, cuando Singer publicó en 1908 su pequeño folleto The People with the Calumny, éste no quedó muy bien parado pues en la publicación aparecen reproducidas 22 cartas de Phillips solicitándole la reparación de más de 150 sellos con un valor por encima de los $10,000 dólares. Las cartas cubrían un período de apenas tres años y Singer alegaba
que estas eran apenas una muestra de las centenares que él había recibido de Phillips a lo largo del período que duraron sus relaciones. O sea que no eran, de acuerdo a la versión de Singer, los “quizás unos 22 sellos” que decía Phillips.
Otra gran figura de la reparación de sellos de principios del siglo XX fue Francois Fournier. En la revista donde anunciaba sus facsímiles señalaba además: “Si usted insiste en el artículo genuino, nosotros reconstruimos a bajo costo cualquier copia dañada en forma tal que desafía absolutamente su detección. El comerciante promedio de todos modos, le venderá desvergonzadamente dicha copia restaurada.”
A estas alturas, nos es imposible saber cuan perfectas eran las reparaciones hechas por Singer y Fournier, pero independientemente de su calidad nos preguntamos: ¿Donde están actualmente todos esos sellos expertamente reparados por Singer y Fournier? Es evidente que pocos han sido destruidos o marcados como reparados y deben estar formando parte de colecciones.
El tema de los sellos reparados siempre va a ser algo delicado. Cada día las piezas clásicas se hacen más escasas y crece el número de coleccionistas que participan en exposiciones donde los jurados toman en cuenta si la colección incluye las piezas claves y la condición de las mismas.
En las exposiciones, aunque no está vedado mostrar sellos reparados, el jurado espera que si alguna estampilla lo está, se indique. Si se incluyen varios sellos indicándose que están reparados, lo más probable es que se penalice la colección; de ahí que pocos se arriesgarán.
En general, para detectar que un sello han sido reparado, a menos que la reparación sea muy burda, se requieren los servicios de un experto que, en la comodidad de su oficina, usando toda una parafernalia que puede incluir un microscopio binocular, lámpara de luz ultravioleta y una colección de referencia, es quien logra detectar las alteraciones. Por tanto, a nivel de exposiciones, es prácticamente imposible para un jurado, que en dos o tres días debe evaluar centenares de marcos conteniendo miles de sellos, muchas veces en condiciones de iluminación muy por debajo de las ideales, detectar una reparación tan hábilmente hecha como la mostrada en el artículo de Sempere y que aquí reproducimos.
En los Estados Unidos, aunque la actividad no es ilegal, la prensa filatélica se ha unido y ha hecho un pacto de no aceptar anuncios ofertando reparar o re-engomar sellos; en muchos países de Europa, en Alemania por ejemplo, no se considera antiético promover el servicio y se publican anuncios ofreciéndolo.
En los países de habla inglesa llaman a los sellos valiosos en malas condiciones, que los coleccionistas colocan en sus álbumes a la espera de conseguir un ejemplar en mejores condiciones, un “space filler”. ¿Deben estos sellos tan expertamente reparados que para detectarlos se requieren los servicios de un experto, ser llamados “space fillers”? Es posible que muchos de ellos encuentren allí su residencia permanente y pasen desapercibidos para más de un jurado.
Catálogo Scott
“Un sello que está dañado prácticamente no vale nada, a menos que tenga un alto valor de catálogo, en cuyo caso, retiene una pequeña fracción de su valor, dependiendo de la gravedad del daño.”
Prescott Thorp en How to Build a Stamp Collection
Desde que empezamos a coleccionar se nos ha dicho que los sellos dañados no valen nada y deben descartarse sin contemplaciones. El catálogo Scott y Thorp, sin embargo, coinciden en que los mismos pueden retener una pequeña fracción de su precio dependiendo del valor de catálogo de la pieza y de la gravedad del daño. Todo eso está bien, pero, ¿que pasa si el sello es reparado?, ¿qué lugar deben ocupar esos sellos en nuestras colecciones? El algún lugar leímos que el valor de un sello reparado era el valor del sello antes de ser reparado más lo que pagamos por la reparación.
Recientemente leímos un interesante trabajo de D. José María Sempere, titulado “Lo ‘Clásico’ del Clásico Español” publicado en el número 109 de la revista Atalaya Filatélica publicada por la Sociedad Filatélica Sevillana. Sempere es uno de los filatelistas de más renombre en España y miembro además de la Academia Hispánica de Filatelia.
En ese artículo, Sempere muestra la cara y el envés de un sello de Württemberg “antes y después de su restauración”. El sello mostrado es un ejemplar usado. Luego añade que “El ejemplar defectuoso hace daño a la vista en el seno de una bonita colección. Una vez restaurado sirve para tapar el hueco hasta que se pueda lograr un ejemplar de más calidad.” Como vemos, el autor no le da su bendición, pero no lo excomulga.
En el artículo de Sempere no se identifica cual fue sello el reparado, pero la figura muestra un sello de 6 kreuzer y de acuerdo al catálogo Scott, entre 1857
y 1863 se emitieron en Württemberg seis sellos de ese valor que se diferencian unos de otros en la impresión, en el papel, en el color y en las perforaciones; por tanto, como el autor no lo identifica, el sello reparado pudo ser cualquiera de los seis.
Lo que si está claro es que ninguno de los seis, usado, es un sello valioso (en cambio, un ejemplar nuevo del 1859 vale $9,500). No tenemos un catálogo reciente pero el más caro de los usados valía en 1998 apenas $135 dólares; por tanto, el sello reparado que se muestra en el artículo es un ejemplar relativamente barato.
El tema de los sellos reparados nos trae a la memoria un episodio que sucedió entre finales del siglo XIX y principios del Siglo XX. Por esos años operaba en París Samuel Singer, considerado por muchos como uno de los más hábiles reparadores de sellos. Entre sus clientes estaban muchos comerciantes y coleccionistas. Cuando a principios del siglo XX la vista le comenzó a fallar y se redujo por ende la calidad de las reparaciones que podía hacer, (y esta es la historia que se ha contado), Singer comenzó a escribirle a sus clientes chantajeándoles. En sus misivas les exigía dinero, o de lo contrario los amenazaba con publicar las cartas que había recibido de ellos solicitando sus servicios.
Uno de los que recibió una de esas cartas fue Charles J. Phillips, por esos años propietario de la Stanley Gibbons. Éste reaccionó airadamente denunciando a Singer en la edición de octubre de 1904 del Stanley Gibbons Monthly Journal. En la revista le calificaba como un hombre que “tiene una reputación que no puede considerarse de primera clase” y le llamaba un “chantajista”. En su denuncia señalaba que a solicitud de algunos de sus clientes, le había pedido a Singer que le reparara “quizás unos 22 sellos” y que todos ellos habían sido marcados claramente como reparados.
A pesar de la denuncia de Phillips y de su renombre al más alto nivel dentro del comercio filatélico, cuando Singer publicó en 1908 su pequeño folleto The People with the Calumny, éste no quedó muy bien parado pues en la publicación aparecen reproducidas 22 cartas de Phillips solicitándole la reparación de más de 150 sellos con un valor por encima de los $10,000 dólares. Las cartas cubrían un período de apenas tres años y Singer alegaba
que estas eran apenas una muestra de las centenares que él había recibido de Phillips a lo largo del período que duraron sus relaciones. O sea que no eran, de acuerdo a la versión de Singer, los “quizás unos 22 sellos” que decía Phillips.
Otra gran figura de la reparación de sellos de principios del siglo XX fue Francois Fournier. En la revista donde anunciaba sus facsímiles señalaba además: “Si usted insiste en el artículo genuino, nosotros reconstruimos a bajo costo cualquier copia dañada en forma tal que desafía absolutamente su detección. El comerciante promedio de todos modos, le venderá desvergonzadamente dicha copia restaurada.”
A estas alturas, nos es imposible saber cuan perfectas eran las reparaciones hechas por Singer y Fournier, pero independientemente de su calidad nos preguntamos: ¿Donde están actualmente todos esos sellos expertamente reparados por Singer y Fournier? Es evidente que pocos han sido destruidos o marcados como reparados y deben estar formando parte de colecciones.
El tema de los sellos reparados siempre va a ser algo delicado. Cada día las piezas clásicas se hacen más escasas y crece el número de coleccionistas que participan en exposiciones donde los jurados toman en cuenta si la colección incluye las piezas claves y la condición de las mismas.
En las exposiciones, aunque no está vedado mostrar sellos reparados, el jurado espera que si alguna estampilla lo está, se indique. Si se incluyen varios sellos indicándose que están reparados, lo más probable es que se penalice la colección; de ahí que pocos se arriesgarán.
En general, para detectar que un sello han sido reparado, a menos que la reparación sea muy burda, se requieren los servicios de un experto que, en la comodidad de su oficina, usando toda una parafernalia que puede incluir un microscopio binocular, lámpara de luz ultravioleta y una colección de referencia, es quien logra detectar las alteraciones. Por tanto, a nivel de exposiciones, es prácticamente imposible para un jurado, que en dos o tres días debe evaluar centenares de marcos conteniendo miles de sellos, muchas veces en condiciones de iluminación muy por debajo de las ideales, detectar una reparación tan hábilmente hecha como la mostrada en el artículo de Sempere y que aquí reproducimos.
En los Estados Unidos, aunque la actividad no es ilegal, la prensa filatélica se ha unido y ha hecho un pacto de no aceptar anuncios ofertando reparar o re-engomar sellos; en muchos países de Europa, en Alemania por ejemplo, no se considera antiético promover el servicio y se publican anuncios ofreciéndolo.
En los países de habla inglesa llaman a los sellos valiosos en malas condiciones, que los coleccionistas colocan en sus álbumes a la espera de conseguir un ejemplar en mejores condiciones, un “space filler”. ¿Deben estos sellos tan expertamente reparados que para detectarlos se requieren los servicios de un experto, ser llamados “space fillers”? Es posible que muchos de ellos encuentren allí su residencia permanente y pasen desapercibidos para más de un jurado.
domingo 1 de febrero de 2009
¿CUANTO VALE UN "SPACE FILLER"
Antes que nada, ¿que es un "space filler"?
Tratando de definirlo en pocas palabras, un space filler es un sello, por lo general valioso cuando está en buenas condiciones, que ponemos en nuestro álbum para no tener el espacio vacío. El espacio puede estar vacío por dos razones:
a) El sello en buenas condiciones es muy valioso y está fuera de nuestras posibilidades económicas.
b) El sello aunque no es excepcionalmente valioso, no se encuentra.
En ambos casos, si encontramos un space filler podemos decidirnos a colocarlo en nuestro álbum hasta tanto estemos en condiciones de comprar un ejemplar en mejores condiciones o simplemente hasta que encontremos un ejemplar en mejores condiciones.
En el último cuarto del siglo XIX, el coleccionismo de sellos irrumpió como pasatiempo de masas con el ímpetu de una locomotora desbocada. Para la mayoría de los coleccionistas, tener en sus álbumes un espacio vacío era casi un baldón. El problema era que para ese tiempo, muchos de los sellos que hoy son valiosos, eran ya muy escasos. Frente a esa situación, caballeros de industria como los Hnos. Spiro y George Zechmeyer se dedicaron a fabricar facsímiles de esos ejemplares que en general no eran vendidos como legítimos sino con el propósito de llenar los espacios vacíos de la legión de nuevos coleccionistas.
El tema de los facsímiles alcanzó su máxima expresión con Francois Fournier, un maestro de la falsificación de sellos nacido en Suiza. Fournier reparaba sellos legítimos, hacía facsímiles de sellos baratos y falsificaba piezas valiosas.
En uno de los anuncios que aparecían en la revista Fac-Simile mostraba un mendigo y el siguiente texto:
"Por qué este hombre ha quedado tan pobre como para pedir limosna? Porque gastó todo su dinero en los llamados sellos genuinos de los cuales él había oído que eran la mejor y más rentable inversión. Pero cuando él quiso vender su colección, se encontró que contenía muchas cancelaciones de favor, sellos falsos, etc."
"Si él hubiera gastado solo un poco de dinero en algunos facsímiles, entonces hubiera tenido una colección más hermosa y barata, con más rarezas. En vez de ser un pordiosero, él tendría su dinero en el banco y hubiera podido tomar su café diariamente en el café Bauer en Under den Linden, y al mismo tiempo admirar diariamente su colección de facsímiles comprados donde F. Fournier, Ginebra."
Hoy día, pocos coleccionistas colocan a sabiendas un facsímil o un sello falso en su colección pero en la actualidad, al igual que hace 125 años, nadie quiere tener un espacio vacío en la colección; de ahí que para muchos, el "space filler" puede ser la solución.
Pero, ¿cuanto pagar por un "space filler"?
Cuando hablamos de space filler nos encontramos con dos grupos:
a) El primero está constituido por sellos valiosos pero abundantes. Este podría ser el caso de los sellos Scott # 1 y # 2 de los Estados Unidos. Su valor de catálogo está en $550 para el # 1 y $1,350 para el # 2. No son sumas que espanten pero están fuera del alcance de muchos coleccionistas. Sin embargo, con un poco de paciencia se pueden encontrar space filler de estos sellos a precios por debajo de los $100 dólares. Por tanto, si un coleccionista no tiene los casi $2 mil dólares que le costarían ejemplares en buenas condiciones un par de space filler podrían ser la solución.
b) El segundo grupo está constituido por sellos extremadamnete escasos en cualquier condición como es el caso de los Scott # 6, 8 y 18 de la Rep. Dominicana. El valor de estos sellos (ejemplares usados) es de $2,000, $13,000 y $5,500. Lo más probable es que si usted encuentra un space filler de caulquiera de estos tres sellos deba pagar más de un 25% de su valor de catálogo.
Sin embargo, volviendo a la pregunta que dio título a esta columna de que ¿cuanto vale un space filler?, yo diría que un precio realista sería un 5% y no deberíamos pagar más de un 10% de su valor de catálogo.
Tratando de definirlo en pocas palabras, un space filler es un sello, por lo general valioso cuando está en buenas condiciones, que ponemos en nuestro álbum para no tener el espacio vacío. El espacio puede estar vacío por dos razones:
a) El sello en buenas condiciones es muy valioso y está fuera de nuestras posibilidades económicas.
b) El sello aunque no es excepcionalmente valioso, no se encuentra.
En ambos casos, si encontramos un space filler podemos decidirnos a colocarlo en nuestro álbum hasta tanto estemos en condiciones de comprar un ejemplar en mejores condiciones o simplemente hasta que encontremos un ejemplar en mejores condiciones.
En el último cuarto del siglo XIX, el coleccionismo de sellos irrumpió como pasatiempo de masas con el ímpetu de una locomotora desbocada. Para la mayoría de los coleccionistas, tener en sus álbumes un espacio vacío era casi un baldón. El problema era que para ese tiempo, muchos de los sellos que hoy son valiosos, eran ya muy escasos. Frente a esa situación, caballeros de industria como los Hnos. Spiro y George Zechmeyer se dedicaron a fabricar facsímiles de esos ejemplares que en general no eran vendidos como legítimos sino con el propósito de llenar los espacios vacíos de la legión de nuevos coleccionistas.
El tema de los facsímiles alcanzó su máxima expresión con Francois Fournier, un maestro de la falsificación de sellos nacido en Suiza. Fournier reparaba sellos legítimos, hacía facsímiles de sellos baratos y falsificaba piezas valiosas.
En uno de los anuncios que aparecían en la revista Fac-Simile mostraba un mendigo y el siguiente texto:
"Por qué este hombre ha quedado tan pobre como para pedir limosna? Porque gastó todo su dinero en los llamados sellos genuinos de los cuales él había oído que eran la mejor y más rentable inversión. Pero cuando él quiso vender su colección, se encontró que contenía muchas cancelaciones de favor, sellos falsos, etc."
"Si él hubiera gastado solo un poco de dinero en algunos facsímiles, entonces hubiera tenido una colección más hermosa y barata, con más rarezas. En vez de ser un pordiosero, él tendría su dinero en el banco y hubiera podido tomar su café diariamente en el café Bauer en Under den Linden, y al mismo tiempo admirar diariamente su colección de facsímiles comprados donde F. Fournier, Ginebra."
Hoy día, pocos coleccionistas colocan a sabiendas un facsímil o un sello falso en su colección pero en la actualidad, al igual que hace 125 años, nadie quiere tener un espacio vacío en la colección; de ahí que para muchos, el "space filler" puede ser la solución.
Pero, ¿cuanto pagar por un "space filler"?
Cuando hablamos de space filler nos encontramos con dos grupos:
a) El primero está constituido por sellos valiosos pero abundantes. Este podría ser el caso de los sellos Scott # 1 y # 2 de los Estados Unidos. Su valor de catálogo está en $550 para el # 1 y $1,350 para el # 2. No son sumas que espanten pero están fuera del alcance de muchos coleccionistas. Sin embargo, con un poco de paciencia se pueden encontrar space filler de estos sellos a precios por debajo de los $100 dólares. Por tanto, si un coleccionista no tiene los casi $2 mil dólares que le costarían ejemplares en buenas condiciones un par de space filler podrían ser la solución.
b) El segundo grupo está constituido por sellos extremadamnete escasos en cualquier condición como es el caso de los Scott # 6, 8 y 18 de la Rep. Dominicana. El valor de estos sellos (ejemplares usados) es de $2,000, $13,000 y $5,500. Lo más probable es que si usted encuentra un space filler de caulquiera de estos tres sellos deba pagar más de un 25% de su valor de catálogo.
Sin embargo, volviendo a la pregunta que dio título a esta columna de que ¿cuanto vale un space filler?, yo diría que un precio realista sería un 5% y no deberíamos pagar más de un 10% de su valor de catálogo.
domingo 25 de enero de 2009
LA ÉTICA EN LA FILATELIA
Editorial de la Revista El Filotelico. No. 189. Nov-Dic 2008
Cuando hablamos de la filatelia, solemos sacar a colación sus beneficios como fuente de entretenimiento al proporcionarnos solaz y esparcimiento después de una dura jornada de trabajo, y, cuando llega el tiempo del retiro, es un pasatiempo que nos servirá para seguir teniendo interés en la vida ya liberados de las presiones del empleo.
Filatelia es Cultura dicen otros. Cada sello es una lección de historia, de geografía, de ciencias naturales, en fin de todas las ramas del saber humano.
Y un tercer grupo nos dirá que aquel que invierte inteligentemente en su colección, podrá lograr, el día que decida desprenderse de ella, una suma mucho mayor que la invertida y todas las horas de placer que esa colección le brindó le quedarán como un sahumado.
Hay, sin embargo, un elemento del coleccionismo que pocas veces sale a relucir y que a nuestro entender es lo que le ha dado soporte al pasatiempo a lo largo de más de 150 años. Es el alto nivel ético con el cual se manejan las relaciones entre los coleccionistas. Ya se trate de canjes, de compra-venta de sellos, en fin de cualquier operación, como regla general, el filatelista maneja sus operaciones dentro del más alto nivel ético.
Quizás uno de los ejemplos más palpables lo tenemos en las operaciones de la casa de subastas e-bay. Se le pide a cada persona que hace una compra y a los que venden que dejen su “feedback”, su opinión sobre la operación y por extensión sobre persona que compró o vendió la pieza. Una revisión de esos feedback indica que la mayoría muestran porcentajes de evaluaciones positivas por encima de un 99%. Y hay probabilidad de que parte del 1% negativo se deba al correo.
Recientemente leíamos en la revista Chile Filatélico un artículo de Eugenio Morales titulado Reflexiones en Torno a la Filatelia. Comentando sobre el principio de “No hagas a los demás lo que no desees para ti mismo”, planteaba que no debemos aprovecharnos de nuestra capacidad económica o intelectual para obtener beneficios mezquinos, intercambiar o vender sellos que tengan algún daño o falla o aprovecharnos de aquellos que de buena fe nos entregan un clasificador diciéndonos “elige los sellos que quieras para que completes tu álbum”.
Creemos sinceramente que esas personas a las que alude Morales, son minorías y son como malas hierbas, nombre con el que Earee denominaba a las falsificaciones, que hay que arrancar de raíz para que la filatelia siga creciendo fuerte y vigorosa.
Cuando hablamos de la filatelia, solemos sacar a colación sus beneficios como fuente de entretenimiento al proporcionarnos solaz y esparcimiento después de una dura jornada de trabajo, y, cuando llega el tiempo del retiro, es un pasatiempo que nos servirá para seguir teniendo interés en la vida ya liberados de las presiones del empleo.
Filatelia es Cultura dicen otros. Cada sello es una lección de historia, de geografía, de ciencias naturales, en fin de todas las ramas del saber humano.
Y un tercer grupo nos dirá que aquel que invierte inteligentemente en su colección, podrá lograr, el día que decida desprenderse de ella, una suma mucho mayor que la invertida y todas las horas de placer que esa colección le brindó le quedarán como un sahumado.
Hay, sin embargo, un elemento del coleccionismo que pocas veces sale a relucir y que a nuestro entender es lo que le ha dado soporte al pasatiempo a lo largo de más de 150 años. Es el alto nivel ético con el cual se manejan las relaciones entre los coleccionistas. Ya se trate de canjes, de compra-venta de sellos, en fin de cualquier operación, como regla general, el filatelista maneja sus operaciones dentro del más alto nivel ético.
Quizás uno de los ejemplos más palpables lo tenemos en las operaciones de la casa de subastas e-bay. Se le pide a cada persona que hace una compra y a los que venden que dejen su “feedback”, su opinión sobre la operación y por extensión sobre persona que compró o vendió la pieza. Una revisión de esos feedback indica que la mayoría muestran porcentajes de evaluaciones positivas por encima de un 99%. Y hay probabilidad de que parte del 1% negativo se deba al correo.
Recientemente leíamos en la revista Chile Filatélico un artículo de Eugenio Morales titulado Reflexiones en Torno a la Filatelia. Comentando sobre el principio de “No hagas a los demás lo que no desees para ti mismo”, planteaba que no debemos aprovecharnos de nuestra capacidad económica o intelectual para obtener beneficios mezquinos, intercambiar o vender sellos que tengan algún daño o falla o aprovecharnos de aquellos que de buena fe nos entregan un clasificador diciéndonos “elige los sellos que quieras para que completes tu álbum”.
Creemos sinceramente que esas personas a las que alude Morales, son minorías y son como malas hierbas, nombre con el que Earee denominaba a las falsificaciones, que hay que arrancar de raíz para que la filatelia siga creciendo fuerte y vigorosa.
lunes 26 de mayo de 2008
MÉTODOS DE SEPARACIÓN DE LOS SELLOS
Cuando en 1840 en Gran Bretaña se emitieron los primeros sellos, estos estaban imperforados; por tanto a los empleados postales se les proveyó de tijeras que utilizaban para separar los sellos.
Si lo miramos desde la perspectiva actual, el sistema resultaba en extremo engorroso y es la causa de que, solo un porcentaje pequeño de los "penny black" que han sobrevivido hasta el día de hoy estén perfectamente centrados y con sus cuatro bordes y además, de que los ejemplares perfectos alcancen una elevada cotización.
Fue en 1848 cuando Henry Archer, un inglés, inventó la máquina perforadora. Cuando se le propuso la idea a Rowland Hill, a quien todos reconocemos como el inventor del sello postal y que en ese momento desempeñaba las funciones de Director General de Correos de Gran Bretaña, este en principio, no le dio su apoyo pues, y esto siempre de acuerdo a L.A. Williams, Hill tendía a rechazar todo aquello que no hubiera estado enmarcado dentro de las propuestas que dieron originalmente origen al sello de correo.
Afortunadamente, la patente de Archer fue reconocida como la solución al problema de la separación de los sellos y aunque los primeros sellos de la mayoría de los países que emitieron sus primeros sellos antes de 1870 están imperforados, el sistema se impuso como el método más práctico de separar los sellos.
Cuando se comenzaron a emitir sellos perforados, los filatelistas descubrieron que algunos sellos, aparentemente iguales, eran diferentes por tener perforaciones diferentes. Como un medio para conocer esas diferencias, se comenzaron a contar las perforaciones. El método, sin embargo, además de engorroso resultaba inexacto.
La solución la ofreció el filatelista francés Dr. J. A. Legrand, quien inventó lo que hoy llamamos el odontómetro.
Legrand, al tiempo que inventó el odontómetro, estableció la norma de que el número de perforaciones en un sello, era su cantidad en el espacio de dos centímetros.
Los sellos pueden tener el mismo número de perforaciones en los cuatro lados y entonces se dice que son perforaciones sencillas, o estas ser diferentes y en este caso se denominan perforaciones compuestas. Por convención, en las perfocaiones compuestas, el primer número corresponde a las perforaciones en el lado horizontal.
Las perforaciones van desde 5½ (la más vasta) hasta 16½ (la más fina).
Algunos sellos se imprimen en rollo para ser vendidos en máquinas automáticas y solo tienen perforaciones en un sentido. Esos sellos reciben en inglés el nombre de "coil".
Conocer la perforación correcta es importante. El Scott # 543 perforación 10 de los Estados Unidos vale 50¢, pero el mismo sello con perforación 11 vale $18,000.
En la época moderna, pocos sellos se emiten con un método de separación que no sea la perforación; en el siglo XIX en cambio, antes de imponerse el perforado, se usaron otros métodos como el ruleteado y la serpentina. Esta última ha vuelto a ser usada modernamente en los sellos autoadhesivos.
Si lo miramos desde la perspectiva actual, el sistema resultaba en extremo engorroso y es la causa de que, solo un porcentaje pequeño de los "penny black" que han sobrevivido hasta el día de hoy estén perfectamente centrados y con sus cuatro bordes y además, de que los ejemplares perfectos alcancen una elevada cotización.
Fue en 1848 cuando Henry Archer, un inglés, inventó la máquina perforadora. Cuando se le propuso la idea a Rowland Hill, a quien todos reconocemos como el inventor del sello postal y que en ese momento desempeñaba las funciones de Director General de Correos de Gran Bretaña, este en principio, no le dio su apoyo pues, y esto siempre de acuerdo a L.A. Williams, Hill tendía a rechazar todo aquello que no hubiera estado enmarcado dentro de las propuestas que dieron originalmente origen al sello de correo.
Afortunadamente, la patente de Archer fue reconocida como la solución al problema de la separación de los sellos y aunque los primeros sellos de la mayoría de los países que emitieron sus primeros sellos antes de 1870 están imperforados, el sistema se impuso como el método más práctico de separar los sellos.
Cuando se comenzaron a emitir sellos perforados, los filatelistas descubrieron que algunos sellos, aparentemente iguales, eran diferentes por tener perforaciones diferentes. Como un medio para conocer esas diferencias, se comenzaron a contar las perforaciones. El método, sin embargo, además de engorroso resultaba inexacto.
La solución la ofreció el filatelista francés Dr. J. A. Legrand, quien inventó lo que hoy llamamos el odontómetro.
Legrand, al tiempo que inventó el odontómetro, estableció la norma de que el número de perforaciones en un sello, era su cantidad en el espacio de dos centímetros.
Los sellos pueden tener el mismo número de perforaciones en los cuatro lados y entonces se dice que son perforaciones sencillas, o estas ser diferentes y en este caso se denominan perforaciones compuestas. Por convención, en las perfocaiones compuestas, el primer número corresponde a las perforaciones en el lado horizontal.
Las perforaciones van desde 5½ (la más vasta) hasta 16½ (la más fina).
Algunos sellos se imprimen en rollo para ser vendidos en máquinas automáticas y solo tienen perforaciones en un sentido. Esos sellos reciben en inglés el nombre de "coil".
Conocer la perforación correcta es importante. El Scott # 543 perforación 10 de los Estados Unidos vale 50¢, pero el mismo sello con perforación 11 vale $18,000.
En la época moderna, pocos sellos se emiten con un método de separación que no sea la perforación; en el siglo XIX en cambio, antes de imponerse el perforado, se usaron otros métodos como el ruleteado y la serpentina. Esta última ha vuelto a ser usada modernamente en los sellos autoadhesivos.
miércoles 2 de abril de 2008
E-Bay, Nueva Ventana al Coleccionismo
En estos tiempos en los que cada vez más personas poseen computadoras, han surgido una serie de recursos que van en auxilio del coleccionista.
A nuestro entender, uno de los recursos que está causando un mayor impacto es e-bay. Y señalamos e-bay por ser el mayor de los sitios de compra y venta de sellos, pero existen otros sitios a través de los cuales también se pueden hacer transacciones.
E-bay ha abierto una nueva ventana al coleccionismo pues el comercio de sellos, que durante decenios estuvo en manos de unos pocos miles de comerciantes esparcidos por todo el mundo, se ha transformado y actualmente tenemos, en cualquier momento, decenas de miles de personas, la mayoría de las cuales en realidad no son comerciantes de sellos, vendiendo sellos.
El mayor beneficio de esta apertura es que e-bay ha puesto en el mercado millares de piezas que de otra forma hubieran continuado olvidadas. Podría poner mi caso como ejemplo: Decidí formar una colección de cubiertas censuradas. Para los que no lo saben, durante las guerras, y especialmente durante la primera y segunda guerra mundiales, en la mayoría de los países se establecieron oficinas de censura en las cuales la correspondencia internacional se abría y se leía. No era algo que se hiciera subrepticiamente sino que se hacía a las claras y a las cartas se les colocaba un precinto indicando que había sido censurada. Esas cartas con esos precintos o con un sello indicando que había sido abierta por la censura, se le llama "correo censurado". Para formar mi colección he adquirido a través de e-bay centenares de cubiertas censuradas y más del 95% las he comprado no a comerciantes formales sino a coleccionistas que han puesto estas cubiertas a la venta aprovechando las facilidades que ofrece este medio.
De no haber existido e-bay de seguro no hubiera podido conformar la colección que hoy poseo.
Otra de las ventajas de e-bay es que por ese medio pueden conseguirse las piezas por un precio mucho menor que lo que nos hubieran costado a través de un comerciante formal pues la mayoría de los que venden por e-bay no son comerciantes formales que hacen de la venta de sellos su medio de vida.
Tenemos un amigo, comerciante en sellos, que gastaba miles de dólares anualmente en anuncios en la prensa filatélica. Hoy día, dejó de anunciarse con lo cual se está ahorrando una gran parte de sus gastos y aunque conserva muchos de sus antiguos clientes, vende la mayoría se sus sellos por e-bay. Dice que actualmente el negocio ha mejorado considerablemente.
El impacto de e-bay ha sido tan grande, que grandes comerciantes como Soler & Llach de España, George Alevisos de Estados Unidos y Stanley Gibbons de Inglaterra entre otros, están ofreciendo sellos y cubiertas por e-bay.
Sin lugar a dudas, e-bay y otras casas que ofrecen facilidades similares han beneficiado enormamente el coleccionismo de sellos.
A nuestro entender, uno de los recursos que está causando un mayor impacto es e-bay. Y señalamos e-bay por ser el mayor de los sitios de compra y venta de sellos, pero existen otros sitios a través de los cuales también se pueden hacer transacciones.
E-bay ha abierto una nueva ventana al coleccionismo pues el comercio de sellos, que durante decenios estuvo en manos de unos pocos miles de comerciantes esparcidos por todo el mundo, se ha transformado y actualmente tenemos, en cualquier momento, decenas de miles de personas, la mayoría de las cuales en realidad no son comerciantes de sellos, vendiendo sellos.
El mayor beneficio de esta apertura es que e-bay ha puesto en el mercado millares de piezas que de otra forma hubieran continuado olvidadas. Podría poner mi caso como ejemplo: Decidí formar una colección de cubiertas censuradas. Para los que no lo saben, durante las guerras, y especialmente durante la primera y segunda guerra mundiales, en la mayoría de los países se establecieron oficinas de censura en las cuales la correspondencia internacional se abría y se leía. No era algo que se hiciera subrepticiamente sino que se hacía a las claras y a las cartas se les colocaba un precinto indicando que había sido censurada. Esas cartas con esos precintos o con un sello indicando que había sido abierta por la censura, se le llama "correo censurado". Para formar mi colección he adquirido a través de e-bay centenares de cubiertas censuradas y más del 95% las he comprado no a comerciantes formales sino a coleccionistas que han puesto estas cubiertas a la venta aprovechando las facilidades que ofrece este medio.
De no haber existido e-bay de seguro no hubiera podido conformar la colección que hoy poseo.
Otra de las ventajas de e-bay es que por ese medio pueden conseguirse las piezas por un precio mucho menor que lo que nos hubieran costado a través de un comerciante formal pues la mayoría de los que venden por e-bay no son comerciantes formales que hacen de la venta de sellos su medio de vida.
Tenemos un amigo, comerciante en sellos, que gastaba miles de dólares anualmente en anuncios en la prensa filatélica. Hoy día, dejó de anunciarse con lo cual se está ahorrando una gran parte de sus gastos y aunque conserva muchos de sus antiguos clientes, vende la mayoría se sus sellos por e-bay. Dice que actualmente el negocio ha mejorado considerablemente.
El impacto de e-bay ha sido tan grande, que grandes comerciantes como Soler & Llach de España, George Alevisos de Estados Unidos y Stanley Gibbons de Inglaterra entre otros, están ofreciendo sellos y cubiertas por e-bay.
Sin lugar a dudas, e-bay y otras casas que ofrecen facilidades similares han beneficiado enormamente el coleccionismo de sellos.
martes 18 de marzo de 2008
Explorando un Nuevo Campo en Filatelia
He sido coleccionista de sellos durante 62 años, desde los 11 años.
Durante más de 20 años mantuve en el diario El Caribe una columna semanal sobre filatelia que se titulaba La Filatelia al Día. En total llegué a escribir alrededor de 1,020 artículos.
Desde 1977, cuando la Sociedad Filatélica Dominicana comenzó a publicar su revista EL FILOTÉLICO he sido su director.
Ya he publicado seis libros sobre filatelia. Todo esto es índice de que mis dos dos pasiones son el coleccionismo de sellos y escribir sobre filatelia.
Llegué tarde al mundo de las computadoras y aunque uso el procesador de palabras y hago compras por internet, estos aparatos me siguen atemorizando. Se muy poco sobre sistemas operativos y podría decir que lo poco que hago es como el músico que sin haber ido nunca a la academia, toca de oido.
Recientemente una de mis hijas y el mayor de los nietos me sugirieron que debía abrir un Blog sobre filatelia. ¿Que acogida tendría este Blog? Ya veremos. Vamos a decir como Julio César a orillas del Rubicón: La suerte está echada.
Durante más de 20 años mantuve en el diario El Caribe una columna semanal sobre filatelia que se titulaba La Filatelia al Día. En total llegué a escribir alrededor de 1,020 artículos.
Desde 1977, cuando la Sociedad Filatélica Dominicana comenzó a publicar su revista EL FILOTÉLICO he sido su director.
Ya he publicado seis libros sobre filatelia. Todo esto es índice de que mis dos dos pasiones son el coleccionismo de sellos y escribir sobre filatelia.
Llegué tarde al mundo de las computadoras y aunque uso el procesador de palabras y hago compras por internet, estos aparatos me siguen atemorizando. Se muy poco sobre sistemas operativos y podría decir que lo poco que hago es como el músico que sin haber ido nunca a la academia, toca de oido.
Recientemente una de mis hijas y el mayor de los nietos me sugirieron que debía abrir un Blog sobre filatelia. ¿Que acogida tendría este Blog? Ya veremos. Vamos a decir como Julio César a orillas del Rubicón: La suerte está echada.
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